La poligamia en el Islam

Estar casado con más de una mujer al mismo tiempo (poligamia) es una práctica tan antigua como la historia del hombre y la ley Islámica lo permite. La poligamia también era aceptada entre otros pueblos, tales como los antiguos hebreos, egipcios, griegos, persas, asirios, japoneses, hindúes, rusos y germanos.

Todos estos pueblos aprobaban y practicaban la poligamia. El Antiguo y Nuevo Testamento son los primeros en la lista de libros religiosos que legalizaron y practicaron la poligamia. Muchos de los Profetas de Dios antes de Muhammad (P y B) tuvieron varias esposas. El Profeta Abraham tuvo dos, el Profeta Jacob tuvo cuatro, y el Profeta David tuvo noventa y nueve. El Profeta Salomón tuvo setecientas esposas que eran libres y nobles y trescientas más que eran esclavas. La ley del Profeta Moisés no especifica en ningún lado el número de esposas que un hombre puede tener. Los compiladores del Talmud que vivían en Jerusalén decidieron una cierta cantidad de mujeres para un hombre, y algunos eruditos judíos sólo permitieron una segunda esposa en caso que la primera sufriera una enfermedad terminal o fuera estéril. También encontramos ejemplos de cristianos casados con varias esposas. Tal es el caso del Rey Irlandés Ditharmet, que tenía dos mujeres, o el Rey Frederick II, que estaba casado por iglesia con dos esposas. La prohibición de la poligamia dentro del cristianismo está en manos de los sacerdotes católicos y no en las enseñanzas de Jesús. Martín Lutero, el primer sacerdote alemán en establecer la secta protestante, consideraba aceptable el matrimonio múltiple y muchas veces lo aplicó.

La poligamia era bien conocida entre las tribus de árabes paganos mucho antes de la llegada del Islam, pero no tenían un límite en cuanto a la cantidad de esposas que un hombre podía tener. Con la llegada del Islam, la ley Islámica aprobó la poligamia pero se estableció el límite a cuatro esposas y se aplicaron reglas específicas que regulaban estos matrimonios. Hay muchos dichos del Profeta (P y B) en donde obligaba, a quienes aceptaban el Islam y estaban casados con más de cuatro esposas, a elegir cuatro y divorciarse del resto en forma honrada. Dios dijo en el Corán:

“Si teméis no ser equitativos con (las dotes de) las huérfanas, entonces casaos con otras mujeres que os gusten: dos, tres o cuatro. Pero si teméis no ser justos, casaos con una sola o recurrid a vuestras esclavas. Esto (casarse con una sola mujer) es lo recomendable para evitar cometer alguna injusticia”. [4:3]

Vemos en esta aleya que se estipula una estricta justicia en el trato para evitar cualquier daño que perjudique a la mujer como condición para quienes quieran contraer más de una esposa. El Mensajero de Dios (P y B) advirtió sobre el favoritismo cuando dijo:

“Quien tenga dos esposas y favorezca a una sobre la otra, llegará al Día de la resurrección con uno de sus lados caído”.[Transmitido por Tirmidi, Hakim y otros]

La justicia en este contexto se aplica a los aspectos materiales como los gastos, la división justa de los bienes, los regalos, el tiempo que se pasa con cada esposa, etc. En cuanto a los aspectos emocionales, como el amor o la predilección por una de las esposas, no podemos negar que el hombre no tiene control sobre el corazón y las emociones ya que son sentimientos involuntarios. Aisha, la madre de los creyentes y esposa del Profeta (P y B) narró: “El Mensajero de Dios solía repartir todo por igual entre sus esposas y luego decía:

‘Oh Dios, esta es la división de lo que tengo, Oh Dios, no me culpes por lo que sólo Tú posees mientras que yo no (las emociones del corazón)’”.[Transmitido por Abu Dawud, Tirmidi y otros]

Un hombre impotente, no debería casarse ya que nunca podrá cumplir con el requisito básico del matrimonio. Quien sabe con certeza que no es capaz económicamente de mantener a otra esposa y otro hogar, no debe casarse con una segunda esposa del mismo modo que un soltero debe ganarse la vida para poder mantener en el futuro a una esposa e hijos. Dios dijo, como regla general:

“Quienes no cuenten con los recursos suficientes para casarse que tengan paciencia y se abstengan (de mantener relaciones prematrimoniales) hasta que Dios les provea los medios para ello con Su Gracia”. [24:33]

Veamos algunas condiciones en la que la poligamia es una buena solución para los problemas que ocurren en cualquier sociedad y cómo la poligamia está a favor de la mujer y no en su contra. A continuación mencionaremos algunas situaciones en que la monogamia puede llevar a la promiscuidad, la prostitución o el divorcio:

  1. Si una mujer es estéril y el marido quiere tener hijos, ¿tiene que divorciarla para casarse con otra mujer o puede seguir casado con ella y tomar otra esposa y darle a ambas sus derechos de esposas legítimas?

  2. Si una mujer sufre de una enfermedad crónica por la que no puede tener relaciones maritales con su marido, ¿debería casarse con otra mujer y seguir casado con la primera para cuidarla, honrarla y mantenerla o debe divorciarse de ella?

  3. Existen hombres que tienen un buen pasar económico y con un alto nivel de testosterona que los hace sexualmente demandantes. Una sola esposa puede no ser capaz de satisfacer sus deseos sexuales o si su período menstrual o sangrado posparto son más largos que lo común o simplemente ella no tiene el mismo deseo que su marido, ¿es mejor que él siga frustrado en su matrimonio y busque la satisfacción afuera de su casa o que se case con otra mujer legalmente?

  4. En varios países alrededor del mundo, las guerras y otras catástrofes dejan más víctimas hombres que mujeres. Incluso demográficamente el número de hombres en el mundo es menor que el de mujeres. El mejor ejemplo es el de la Primera y Segunda Guerra Mundial que dejó un saldo elevadísimo de miles de millones de hombres muertos en batalla. En estos casos, si un hombre tuviera una sola mujer, ¿cuál sería su destino tras la muerte de su esposo al quedarse sin una forma lícita de satisfacer sus necesidades sociales, económicas y sexuales? Algunas mujeres pueden optar por complacer sus deseos sexuales en forma ilícita a través de factores que desestabilizan a la sociedad tales como la fornicación, el lesbianismo o la prostitución. La gran cantidad de mujeres solteras o sin familiares que las cuiden o sin alguien que proteja sus intereses es uno de los factores que ayuda a difundir la corrupción y las relaciones ilícitas en la sociedad. ¿Qué es mejor para la sociedad y para la mujer que está sola y desprotegida: seguir sola y sufrir las consecuencias o aceptar ser la segunda esposa de un hombre honesto y protector?

Desafortunadamente, existe la promiscuidad en la sociedad moderna, pero no por eso debe ser legalizada o aprobada. En la mayoría de las sociedades contemporáneas sólo es legal el matrimonio monogámico, pero es socialmente aceptable tener relaciones extramatrimoniales en los casos que mencionamos anteriormente en los que el hombre tiene a su esposa legal y luego busca amantes, novias o acompañantes y prostitutas. Este tipo de relaciones no son duraderas y si eventualmente no llegan al matrimonio, derivan en conflictos y en abusos de los derechos de la mujer. En estos casos el hombre no tiene responsabilidad legal financiera, social o emocional, y si la mujer queda embarazada, es ella quien tiene que hacerse cargo de ese hijo ilegítimo y muchas veces no tiene el apoyo de su familia y termina entregando a su hijo al servicio social. El hombre, en general, no tiene obligación de admitir que un hijo es suyo, en consecuencia, no tiene la obligación de mantenerlo. Los abortos proliferan en este tipo de sociedades. Según la ley Islámica, una segunda, tercera o cuarta esposa goza de los mismos derechos y privilegios que la primera sin sufrir una pizca de injusticia o deshonra.

El adulterio, la fornicación y todo tipo de relaciones extramatrimoniales están prohibidos en el Islam y el Profeta (P y B) tomó todas las medidas para proteger a su gente de estas enfermedades sociales, que si se generalizan, no hacen más que dañar y destruir al individuo y a las familias. El siguiente ejemplo muestra que el Profeta (P y B) demostró gran sabiduría y paciencia para convencer a un hombre joven y viril sobre la injusticia de llevar una doble vida y el sinsentido de la fornicación y el adulterio a través de analogías elocuentes. A nadie le gustaría que sus parientes mujeres fueran explotadas, usadas o abusadas, entonces ¿cómo puede un hombre permitirse explotar a otras mujeres? Esta narración auténtica dice:

“Un hombre joven se acercó al Mensajero de Dios (P y B) y le preguntó: ‘Oh Mensajero de Dios, cóncedeme un permiso especial para cometer fornicación’. La gente comenzó a reprenderlo severamente, pero el Profeta (P y B) se sentó a su lado y le preguntó: ‘¿Te gustaría eso para tu madre?’. Respondió: ‘No, por Dios, que Dios me sacrifique por ti’. Le dijo: ‘Y así es que a nadie le gusta eso para sus madres. ¿Te gustaría eso para tu hija?’. Respondió que no. El Profeta (P y B) le dijo: ‘Y así es que a nadie le gusta eso para sus hijas. ¿Te gustaría eso para tu tía paterna?’. Respondió que no. Le dijo: ‘Y así es que a nadie le gusta eso para sus tías paternas. ¿Te gustaría eso para tu tía materna?’. Respondió que no. El Profeta (P y B) le dijo: ‘Y así es que a nadie le gusta eso para sus tías maternas’. Luego el Profeta (P y B) puso su mano sobre el joven y dijo: ‘Oh Dios, perdona sus pecados y purifica su corazón y hazlo casto (fortifica su abstinencia de los pecados sexuales)’.[Narrado por el Imam Ahmad]

Podría decirse que este dicho es la aplicación práctica de la regla de oro mencionada por el Mensajero de Dios (P y B):

“Ninguno de vosotros es un creyente verdadero hasta que desee para su hermano lo que desea para sí mismo”.[Transmitido por Bujari y Muslim]

La poligamia en la sociedad islámica está limitada a cuatro esposas con sus respectivos contratos matrimoniales, testigos, etc. El hombre debe cargar con todos los gastos y responsabilidades de sus esposas y de los hijos que nazcan de esos matrimonios. Todos los hijos son legítimos y deben ser educados y cuidados bajo la responsabilidad de ambos padres.

Uno podría preguntarse si se permite la poligamia para el hombre, ¿por qué no se permite la poligamia para la mujer para que pueda tener más de un esposo al mismo tiempo)? La respuesta a esta pregunta es simple por varias razones naturales, que como mencionamos anteriormente, descarta a esta opción como viable. El hombre en casi todas las sociedades del mundo tiene una posición dominante y de autoridad en sus hogares por sus atributos y fuerza naturales. Teniendo en cuenta esta fuerza natural del hombre y suponiendo que una mujer pueda tener dos o más esposos, surgiría la competencia entre ellos por ver quién tiene la autoridad y el comando del hogar, lo que provocaría celos, ira y odio entre los esposos. Más aún, si una mujer pudiera casarse con más de un hombre, ¿quién sería el responsable legal del niño que nazca? ¿Qué consecuencia demográfica traería a la sociedad luego de varias generaciones de este arreglo? ¿Los hombres se mantendrían fieles a sus esposas en estas circunstancias o se inclinarían a la promiscuidad? Las respuestas son obvias. Ya que una mujer puede quedar embarazada una sola vez por año de un hombre a la vez, y un hombre sí puede dejar embarazada a varias mujeres al mismo tiempo, es más lógico y natural que un hombre tenga más de una mujer, que una mujer más de un hombre. Sobre todo, en la poligamia, el hombre es el responsable de proveer a sus esposas e hijos y sería poco práctico desde todo punto de vista que fuera al revés.

Las siguientes son declaraciones que han hecho pensadores occidentales sobre la poligamia en donde la consideran como la única solución a los problemas que enfrenta la sociedad.

Gustave Le Bon, el reconocido pensador francés, dice en su libro La Civilización Árabe:

“La Poligamia permite que la sociedad reduzca su crisis social, evita los problemas de tener amantes y cura a la sociedad de tener hijos ilegítimos”.

Annie Besant, en su libro Las Religiones de la India, dice:

“Leí en el Antiguo Testamento que el amigo más cercano de Dios, cuyo corazón actuaba según la voluntad de Dios, era polígamo. Es más, tampoco el Nuevo Testamento prohíbe la poligamia excepto para los sacerdotes o ministros de la iglesia a quienes se les ordena mantener una sola esposa. Los libros antiguos de la India también permitían la poligamia. Es fácil criticar a otros por sus prácticas religiosas y por eso es que la gente acusa y ataca al Islam por permitir la poligamia. Sin embargo, es extraño que los occidentales estén tan en contra de la poligamia de los musulmanes mientras que en sus propias sociedades tienen un elevadísimo índice de prostitución y promiscuidad. Si examinamos de cerca a la sociedad occidental, encontramos muy pocos casos de hombres puros, castos y honestos que respeten el matrimonio y honren a una sola esposa sin mantener relaciones extramatrimoniales. En consecuencia, no es correcto definir a esta sociedad como monóga ma porque en verdad muchos tienen una esposa y además tienen amantes, novias y todo tipo de relaciones fuera del matrimonio. Para ser justos, debemos reconocer que el Islam protege, honra, mantiene y respeta a la mujer. La poligamia es mejor que la prostitución occidental que le permite al hombre tener una amante o novia para satisfacer sus deseos sexuales sin respetar los sentimientos, emociones, necesidades y honor de la mujer. El hombre repudia a esta mujer ni bien obtiene de ella lo que quiere porque no tiene ningún compromiso ni obligación social con ella, simplemente satisface sus necesidades del momento y le da compañía temporaria. A pesar de que muchos consideran que ambas cosas, la poligamia y la prostitución o fornicación, son igualmente malas e inaceptables, es injusto que alguien que no es musulman critique a la ley Islamica cuando su comportamiento es vergonzoso y aún así es aprobado y aceptado en la sociedad en la que vive”.

Jawad, un conocido estudioso inglés, dijo:

“El duro sistema británico que prohíbe la poligamia es injusto e inaceptable. Ha dañado severamente a aproximadamente dos millones de mujeres que se han convertido en solteronas que han perdido su juventud y perdieron su oportunidad de tener hijos. Así, estas mujeres han sido forzadas a tirar sus valores morales como se tira el carozo de un dátil”.

Mobenar, un ex-miembro del Parlamento francés, dijo:

“Hay dos millones y medio de jóvenes francesas que no podrán encontrar marido si es que cada hombre joven se casará con una sola mujer. Creo sinceramente que una mujer no disfrutará de una vida saludable sin ser madre. Considero que toda ley que obligue a tantos miembros de la sociedad a vivir oponiéndose, contradiciendo y negándose la posibilidad de satisfacer las leyes naturales del hombre sobre esta Tierra, no es sino una ley cruel y salvaje que contradice el significado básico de justicia”.

En 1959, las Naciones Unidas publicó un documento especial que planteaba:

“Esta publicación ha comprobado con números y estadísticas, que el mundo entero está enfrentando el problema de los hijos ilegítimos que crece día a día. El número de hijos ilegítimos ha crecido hasta un 60% en algunos países. En Panamá, por ejemplo, el porcentaje de nacimientos ilegítimos se eleva al 75% del total de los nacimientos del país. Esto significa que tres de cada cuatro niños son ilegítimos, es decir que nacen fuera del matrimonio. El porcentaje más alto de nacimientos ilegítimos se encuentra en América Latina”.

Al mismo tiempo, esta publicación ha comprobado que el número de nacimientos fuera del matrimonio en el mundo islámico es casi nulo en comparación con otros países y que los países musulmanes están protegidos contra este tipo de problemas sociales y enfermedades porque la gente practica la poligamia.