Entre los griegos

Entre los griegos, la mujer era degradada a tal punto que los hombres decían que las mujeres eran la encarnación del mal. No había un sistema que protegiera a la mujer en esa sociedad. No tenía derecho a recibir educación, era comprada y vendida como cualquier otro objeto material, no tenía derecho a heredar y era considerada de poca importancia y sin derecho a realizar ningún tipo de transacción comercial. La mujer estaba atada a los deseos de los hombres durante toda su vida y el divorcio era un derecho absoluto del hombre. Esta situación cotidiana de la mujer en esta sociedad, llevó a los pensadores griegos a decir que el nombre de una mujer debía ser encerrado en su casa tal como su cuerpo.

En su libro La civilización árabe, Gustave Le Bon, el pensador francés, dijo al referirse a la situación de la mujer en la sociedad griega:

“En general, los griegos consideraban a la mujer como la criatura más insignificante de la tierra. No servía para nada más que para tener hijos y para encargarse de los quehaceres domésticos. Si una mujer daba a luz a un bebé feo, retardado o discapacitado, el hombre tenía derecho a matar a esa criatura”. Demóstenes, el reconocido filósofo griego, dijo: “El hombre griego disfruta de la compañía de prostitutas por placer, de novias y ‘queridas’ para la vida cotidiana y de su esposa sólo para tener hijos legítimos”.

En el marco de esta moral depravada, vemos la suerte que le tocaba a la mujer y lo que pensaban los filósofos más reconocidos de la época.